"Ni hablar - escupiendo al suelo- Ana Alonso lo unico que tiene es el nombre bien puesto..." " No seas bárbaro...Aparta la pistola y mira esto..."
lunes, 21 de octubre de 2013
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El
acontecimiento más interesante de mi vida en estos cuatro meses se
reduce a una naranja mohosa dentro de la bolsa de naranjas que acababa
de comprar. Hable con la frutera, que sin oponer ninguna resistencia me
la cambio. Eso hasta me fastidio. Me dieron ganas de decirla: "No, por
favor, oponte, que salga tu marido blandiendo una zapatilla y diciendo
esa naranja no es de nuestra propiedad" ¡Que pase
lo inesperado! Entonces caí en la cuenta: Echo de menos Vancouver,
dónde siempre ocurre algo, donde siempre hay alguna historia que contar,
que inventar, que relatar... Echo de menos caminar entre sus calles ,
que huelen a todo y a nada, que son como de plástico, como sin estrenar;
echo de menos a mis amigos de todas las partes del mundo: de Japón, de
Corea, de Africa, de EEUU, de España , de Mexico, de Alemania, De
Italia, de Irán, de Filipinas, de China, de Bolivia... pelearme con Sid;
bromear con Catwoman; beber unas birras con Natsuki; visitar a Fresa y
su familia; desayunar en la cafetería de Adam; hablar con La dulce
María; a Fátima, la dueña de la tienda de comestibles intentando
adivinar la palabra palillo que nunca volveré a olvidar; a Cris que
quiero que deje a Jeff y se case conmigo; echo de menos a Irene, que
siempre sabe poner orden en mi caos, a Sandra que si no vuelve va a
dejar mucho vacio; a Van y las comiditas tan ricas que prepara; a la
increible Roxanne y sus fantásticas clases. A la gente de la escuela:
Michi, Gonzalo, Fátima, Panda, Aitor, Miran, Fausto, a Adele Blac Sec y
al frances que se la comia a besos; a Jim que al pobre no le salía la
"th" y hacía tanta gracia... Echo de menos la playa; las luces de los
edificios en la noche; chinatown; el Science World;, el Stanley Park y
su cine al aire libre; a la gente y los ascensores, donde se podria
rodar perfectamente una pelicula de bajo presupuesto. ¡Echo de menos
hasta la lluvia! QUién lo iba a pensar... Esa luvia que tanto me ahogaba
a veces por dentro. QUe me hacía gritar al cielo: "¡Ya es suficiente!
¿no?" Esa humedad caracteristica que empapa todo y dejaba un vao, un
regueros de vocales y consonantes que se iban perfilando en palabras, y
de repente, como si nada, ocurría: me ponía a escribir.
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