"Ahí está" Dijo mi abuelo.
Era rotundo y esbelto. Transpiraba fuerza y autosuficiencia.
"Tendra mil años por lo menos" Al decirlo parecia que se sentía identificado; era parte suya y de su vida.
"¿Qué es? "Pregunte.
Tenía la majestuosidad de un ciprés, la fortaleza de una encina, la
sutileza de un fresno. Pero era incapaz de identificar la especie.
"Nunca lo he sabido, ni nadie en el pueblo... "
Puso su mano sobre el árbol, como si lo sujetase y continuo " Antes los
hombres eran como los arboles: morian en el mismo sitio dónde habían
nacido. Ahora es diferente. Nadie se está quieto.Y cuando te mueves
tanto pierdes muchas cosas importantes en el camino. Las costumbres
dejan de importar. Los recuerdos no tienen valor. No se respetan los
sentimientos; las personas cuentan ya poco o no cuentan nada. En San
Martín creemos que cuando naces tu espírito se queda plantado allí
mismo. A los que marchan, la tierra les arranca el alma. El alma esta en
las raices, pero como las raices no se ven, nadie sabe si se han secado
hasta que es demasiado tarde."
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