Intrigada,
volví sola al día siguiente, al mismo lugar. Atravese los rastrojos; el
tomillar; el mar de plásticos :botellas, bolsas y demás, lugar de
reciclaje de los deseos del pueblo, y cuando llegue ante aquel imponente
árbol, me senté un largo rato mirándolo. Observé una apertura en el
tronco, un hueco que usan pájaros e insectos. Me acerqué y metí
cuidadosamente primero la mano y después el brazo
entero. Y durante un tiempo que no pude medir, en estado
semiinconsciente, aprendí cosas. Sobre todo aquel árbol me hablo de la
soledad. La naturaleza crea a las criaturas con un fin. La soledad. Los
individuos se relacionan con el amor y el odio. Pero su propósito es
aprender a estar solos; reconocer la soledad como un bien supremo. Son
únicos. No hay dos individuos que sean iguales. Ni en el mundo de las
abejas y las hormigas. Nacen solos y mueren solos. Su principio y su
fin.
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